jueves, 21 de mayo de 2020

Manuscritos árabes en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla


Entre los documentos custodiados en el Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla se encuentran unos manuscritos en lengua árabe cuyo autor fue el franciscano Fr. Pedro Martín del Rosario.






El interés que mostraron los franciscanos españoles por el estudio de la lengua árabe se remonta, en áreas como el territorio del Marruecos actual, al siglo XIII y llega hasta la primera mitad del siglo XVII en una primera etapa. De los siglos XVII a XIX hubo una segunda etapa de presencia franciscana en el norte de África, en la que los franciscanos se dotaron de una estructura y organización más sólida en la región. De ello sería fruto la creación en Tánger, en 1800, de una Escuela de la Lengua Árabe puesta en marcha por el Gobierno de España. El objetivo de dicha escuela era la de formar a los componentes de la orden mendicante pertenecientes a la Misión Católica de Marruecos en dicha lengua.

Entre estos franciscanos se encontraba Fr. Pedro, protagonista de nuestro estudio. Pedro Martín del Rosario nace en Lucena (Córdoba) el 17 de noviembre de 1771, ingresa en la orden franciscana a la edad de dieciséis años, y se ordena como sacerdote entre 1796 y 1797, cuando cuenta con 26. Moró en Sevilla durante cuatro años, en la Casa Grande de San Diego el Real. El 8 de enero de 1800 su Superior Provincial notifica al cónsul general de España en Marruecos que Fr. Pedro Martín era uno de los elegidos para estudiar árabe en Tánger. Junto con otro compañero inaugura la Escuela. Un año después fallece el segundo franciscano que acompañaba a Fr. Pedro en sus estudios, el P. Cordero.

Su dedicación le valió de manera oficiosa el cargo de intérprete en el Consulado General de España en Marruecos: 

“…Anciano ya y achacoso volvió a su patria […] fue nombrado bibliotecario en el cuerpo de ingenieros del ejército en la ciudad de Cádiz […] marchó a Lucena donde fallece en el mes de Octubre, legando a la Universidad de Sevilla gran número de libros y manuscritos árabes”[i]






Es cuanto menos curioso observar que aun habiendo trabajado como bibliotecario en la ciudad de Cádiz, decidiera sin embargo ceder los libros y manuscritos a la Universidad de Sevilla. Desgraciadamente en nuestras dependencias no se han podido encontrar todos los libros y documentos de los que habla la revista La Cruz, pero sí se encuentran otros manuscritos que llevan la firma de Fr. Pedro Martín del Rosario en nuestra biblioteca: A 332/017, A 332/018 y A 332/019. Uno de los manuscritos contiene información de la correspondencia entre el calendario occidental y el calendario de la Hégira, y otro una recopilación de dichos populares y remedios naturales. Sin lugar a dudas, debe atribuirse la autoría de dichos documentos a Fr. Pedro Martín del Rosario. A ello se suma el Libro del Karthas, que nos transporta a la época y al contexto político a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En 1795 Abu Er-Rebia Soleimán es soberano de Marruecos, y en España reina Carlos IV. En 1797 el sultán firma un tratado de paz, amistad, libertad de navegación, comercio y pesca con España, en el cual nuestro país salía ventajoso. Hay una copia manuscrita de dicho tratado en la Biblioteca Universitaria, cuya digitalización se puede consultar en: https://archive.org/details/A333194. Se trata del primer tratado que consigna que el culto de la religión católica sería libremente permitido a todos los súbditos del rey de España en los dominios marroquíes y permite celebrar los oficios propios en los hospicios de los misioneros. 

Autora de la entrada: María Teresa Aranda Poyuelo





[i] La Cruz, 1854, 2º semestre,800-801

martes, 5 de mayo de 2020

La aventura de restaurar un papel


La restauración del papel sigue siendo para muchos una disciplina poco conocida. Frases como "¿El papel se puede lavar? ¿Reescribes el texto que falta? o el clásico ¡Qué paciencia tienes que tener!, acompañan la cotidianidad de la mayoría de compañeros de profesión. Junto a eso no es raro encontrarse, en el lado opuesto, con aquellos que piensan que "arreglar papelitos" es algo al alcance de cualquiera con un mínimo de manualidad y creatividad. En el post que Rita Udina publica en su blog se ofrece una visión divertida, casi infantil, de la restauración del papel. Con sus exageradas aventuras y el resumen posterior de las fases de la restauración, ayuda a acercar un poco más esta profesión sin perderle el respeto ni restarle importancia.

https://ritaudina.com/es/2020/04/24/proceso-de-restauracion-de-documentos-stop-motion-video/


lunes, 20 de abril de 2020

Las tintas metaloácidas y su tratamiento


Las tintas metaloácidas, las más utilizadas desde la Edad Media y hasta avanzado el siglo XX, son tintas orgánicas permanentes, de fácil elaboración y de un color oscuro que puede ir desde el negro o sepia, hasta el azul o el conocido como verdigrís (coloreado de mapas y planos) [1].

Son soluciones acuosas compuestas de taninos (ácido gálotánico en las agallas de plantas), sulfato ferroso (sal de hierro) y gomas naturales como aglutinantes (generalmente goma arábiga). Los compuestos metálicos reaccionan entre sí produciendo sustancias ácidas que degradan el papel, sumándose a otros factores de degradación intrínsecos, como la propia composición del papel, y extrínsecos, como la temperatura y sobre todo la humedad relativa, además de algunos aditivos de manufacturación.

El principal deterioro provocado por estas tintas es la corrosión, producida al combinarse los mecanismos de hidrólisis ácida y oxidación de la celulosa, que son catalizados por el ácido sulfúrico generado a causa del exceso de sulfato ferroso (mayor concentración de iones Fe2+ y Fe3+) [2] en el papel.

Los principales indicadores de alteración que estos mecanismos provocan son: oscurecimiento y fragilidad del papel, halos oscuros alrededor de la tinta y transferencia de la misma hacia otras zonas, como se puede ver en las imágenes siguientes, así como la perforación del soporte en último grado.





Ha habido una evolución desde los primeros tratamientos empleados para este tipo de tintas degradadas, centrados en la estabilización física, hasta los métodos más actuales que tienen su prioridad en la estabilización química de los materiales. Lo que se debe tener claro es que, para que un tratamiento sea completo y eficaz, tiene que:

1. Bloquear o ralentizar la oxidación acelerada: ESTABILIZACIÓN DE LA TINTA.
2. Detener la hidrólisis ácida, actual y futura: DESACIDIFICACIÓN.
3. Reforzar físicamente la tinta y su soporte: REAPRESTO Y LAMINACIÓN.

Antes de tratar las tintas hay que determinar en primer lugar si es verdaderamente necesarios, y proceder luego del siguiente modo:

A. Examen visual y pruebas puntuales con los que observar zonas de riesgo y dañadas.

Observación de la tinta con lupa digital DinoLite®

B. Pruebas químicas con tiras indicadoras de batofenantrolina para comprobar la presencia de iones de hierro libres y por tanto el riesgo de degradación.

Prueba con tira de batofenantrolina. Resultado positivo

El tratamiento acuoso con fitato de calcio propuesto en la década de los 90 por Neevel [3] ha sido el más estudiado y probado. Consiste en aplicar una solución acuosa que combina un quelante (ácido fítico) con un tampón alcalino (carbonato cálcico) que minimiza la reacción química de oxidación de la tinta [4], seguida de una desacidificación del papel con bicarbonato cálcico para aportar una reserva alcalina. El método que se suele usar para este tipo de tratamiento es la inmersión en baño pero, en función de la fragilidad del documento, se pueden recurrir a otros métodos como la aplicación por capilaridad o el uso de mesa de succión cuando el baño convencional sea arriesgado.  El último paso en este tratamiento sería la laminación o consolidación con gelatina tipo B (inhibidora de la corrosión). 

El tratamiento de tintas metaloácidas es un campo que aún sigue en estudio, sin haber llegado a una propuesta óptima, todas cuentan con aspectos negativos. En el caso del fitato cálcico son en relación al aspecto histórico y estético (desmontaje, pérdida de intensidad de la tinta, de soporte, etc.). Aún así  la gran mayoría de conservadores y restauradores lo apoyan como la alternativa más adecuada y natural. Otros profesionales también consideran que, teniendo en cuenta que un soporte ácido favorece la corrosión de las tintas, simplemente un proceso de desacidificación del papel sería suficiente para neutralizar esta degradación con la posterior laminación o consolidación pertinente .

[1]. BARBÁCHANO, Pedro: “Las tintas metaloácidas y su conservación”, pp.412, X Congreso de Estudios Vascos, Pamplona, 1987, pp.411-412.
[2]. Iones libres no unidos, solubles en agua, que son perjudiciales para sustratos orgánicos, tanto celulósicos como proteícos. 
[3]. NEEVEL, J. G.: “Phytate a potential conservation agent for the treatment of ink corrosion caused by iron gall inks”. Restaurator, 16(3),  pp. 143-160, 1995.
[4]. El agente quelante “secuestra” los iones de Fe, intercambiándolos por iones de calcio.

Puede obtener información de interés sobre esta materia en la página web "Iron Gallic Ink", mantenida por la Agencia del Patrimonio Cultural de los Países Bajos

Autora de la entrada: Laura del Pozo Moriel.


martes, 14 de abril de 2020

BULAS EN EL ARCHIVO HISTÓRICO DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA




Las bulas son documentos pontificios que contiene declaraciones en materia de fe, gracias y privilegios, o asuntos judiciales o administrativos.  Las expide la cancillería apostólica y están sujetas a un formulismo muy estricto, siendo su soporte preferente el pergamino. El Archivo de la US conserva una serie de bulas de finales del siglo XV y principios del XVI, todas ellas guardadas en los legajos 608 y 609. Su importancia radica en ser testimonios directos del periodo fundacional e inmediatamente anterior. Para el Colegio de Santa María de Jesús, la conservación de aquellos documentos solemnes, que contenían concesiones de beneficios y privilegios al fundador por tres sumos pontífices, y el acta misma de fundación de la institución, era un acto de primordial importancia. Las descripciones de los documentos, que pueden leerse en los anversos, daban la ubicación de las bulas, que se conservaban dobladas a veces en varios pliegues.

Bula de Julio II (7 de julio de 1505)

De estas bulas es sin duda la más conocida la expedida por el papa Julio II, en el siglo Giuliano della Rovere, autorizando la erección del Colegio y la anexión al mismo de los Beneficios de Alocaz, Gómez Cardeña, San Lorenzo de Sevilla, San Nicolás del Puerto y La Parra. La bula (Legajo 608-13) mide 89 x 62 cm, está fechada el 12 de julio de 1505, y es generalmente considerada el documento fundacional del Colegio de Santa María de Jesús, precedente de la Universidad de Sevilla. Sólo unos días más tarde, el 16 de aquel mismo mes de julio, el mismo pontífice otorgaba una nueva bula (Legajo 608-14), esta vez concediendo al Colegio nuevos privilegios, de los que solían gozar otros estudios generales, como el permiso para otorgar títulos en medicina, y anexionando a la nueva institución varios beneficios. De ambas bulas se hicieron ediciones impresas fechadas en 1716. Una tercera bula de Julio II, esta de 25 de agosto de 1506, contenía un rescripto a los priores de Santiago de la Espada y del Carmen “para que hagan justicia, con motivo de haber permutado el Fundador , la Magistral de Málaga por un beneficio de Ronda, que dijo poseía Fco. Melgar, lo que era falso, para que dicho Francisco devolviese la magistral al Sr. Fundador”.

No son estas sin embargo las bulas más antiguas conservadas en el Archivo Histórico, sino otras que recogen los privilegios y rentas que los pontífices concedieron a Maese Rodrigo Fernández de Santaella años antes de que emprendiera la fundación del Colegio. En primer lugar, las dos bulas de Sixto IV (de quien maese Rodrigo había sido familiar, de 9 de septiembre de 1476),  por las que le concedía, como beneficios eclesiásticos, las pestrameras de Grijalba (Burgos), Alocaz y Gomez Cardena (estos dos últimos en Sevilla), una vez hubiera vacado el beneficiado de que disfrutaba el obispo de Calahorra (Legajo 608-02(1)). El Legajo 608-02(3) contiene copia autorizada de la bula de Sixto IV de 15 de julio de 1480, que otorga a maese Rodrigo poder hacer testamento de todos sus bienes no adquiridos “in tuitu ecclesia”. También se refieren a los años anteriores a la fundación la serie de Letras apostólicas para dar posesión a Maese Rodrigo de los Beneficios de Salvatierra, Santa María de Salvaleón y Prestamera de la Parra (Badajoz), San Martín de Sevilla, San Mateo de Jerez, Pontificial de San Nicolás del Puerto y Arcedianato de Reina (Legajo 608-06), fechadas entre 1484 y 1500.

Las tres bulas siguientes las expidió el papa Alejandro VI: la primera dispensando a maese Rodrigo de la residencia capitular y la segunda, nombrándole Notario de los del número de la Santa Sede, están fechadas en 9 de septiembre de 1495 (Legajo 608-04(2)). En la tercera, de 27 de junio de 1500, el papa le concede el Arcedianato de Reina (Legajo 608-04(3)).

El Colegio-Universidad era una institución pontificia y para determinadas actuaciones se requería la sanción pontificia. Hay una bula de Paulo III confirmando los Estatutos del Maestro Navarro (Legajo 608-22). Del mismo pontífice custodia el AHUS un traslado autorizado (Legajo 608(03)) fechado en 1621 de la bula de 1545 con la autorización para hacer modificaciones de los Estatutos. Por último, hay ejemplar de la edición impresa de la Copia autorizada de la Bula de Benedicto XIII, año 1727, en la que se concede al Colegio el Beneficio de Yecla (Legajo 609-2).

Aparte de los originales en pergamino, el AHUS custodia también algunas ediciones impresas de bulas relacionadas con el Colegio. Es el caso de la  Copia autorizada de la Bula de Benedicto XIII, año 1727, en la que se concede al Colegio el Beneficio de Yecla (Legajo 609-02).


martes, 7 de abril de 2020

LA CONSERVACIÓN EN TIEMPOS DEL COVID-19


En estos extraños días que nos ha tocado vivir, surgen múltiples preguntas acerca de cómo cambiará nuestra forma de vida cuando, en un futuro indeterminado, podamos volver a nuestros puestos de trabajo. Los que nos ocupamos de colecciones bibliográficas y documentales tenemos que ser conscientes de que hemos entrado en una nueva era en la que ciertos virus pueden hacer nuestra tarea más complicada. En concreto, es lógico preguntarse qué sucede con el material que ha estado en contacto con alguien infectado por COVID 19. Pueden servir de ayuda en este sentido los enlaces que ofrecemos a continuación:

"Cómo actuar con los libros ante el riesgo de contagio por COVID-19" (Blog de la BNE)

"Cómo desinfectar los libros de la biblioteca en una pandemia" (Julian Marquina).




lunes, 30 de marzo de 2020



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PROBLEMÁTICAS DE CONSERVACIÓN EN LAS COLECCIONES DE VOLÚMENES FACTICIOS

Los tomos de varios o volúmenes facticios son aquellos formados por dos o más obras, encuadernadas juntas por deseo o necesidad del propietario. Esta práctica de unir en un volumen ediciones que presentan en algunos casos diferencias en sus características físicas, provoca problemas de conservación dentro de las colecciones de fondo antiguo por lo que, en muchas instituciones, se les presta una especial atención.

El fondo antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla custodia más de 2000 volúmenes facticios, algunos dispersos, pero la mayoría concentrados en segmentos del depósito. Es muy difícil clasificar los facticios por el tipo de obras que se contienen en cada volumen, si bien predominan géneros tales como relaciones de sucesos, sermones, alegaciones jurídicas (los llamados porcones), textos legales, piezas dramáticas, memorias y discursos. No se agota en estos géneros el tipo de material presente en los facticios. En todo caso, parece que en la mayoría de los casos lo que se busca en la construcción de un facticio es facilitar la custodia de obras que por su corta extensión (a menudo son hojas volantes, o pliegos sueltos) serían de conservación problemática en caso de haber permanecido aisladas.

Aparte del interés que revisten los volúmenes facticios por los géneros y las disciplinas de las obras que agrupan, nos interesa tratar aquí de las necesidades particulares que plantean en materia de conservación, la problemática a la que hay que dar respuesta. En el caso de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla, a partir de 2018, con el inicio de la actividad del propio Taller de Restauración, se estableció que una de las principales líneas de actuación sería la conservación y restauración de esta colección.

Las complicaciones que pueden presentar se deben a las características formales propias de esta tipología de libros:
  • En muchas ocasiones agrupan colecciones de obras efímeras. Es el caso de los pliegos de cordel. Esta forma de literatura popular asequible se imprimía sobre papel y con tintas de baja calidad, por lo que han llegado a nuestros días muy degradados. 



  • Cuando existen diferencias en las dimensiones de las obras es muy posible que resulten dañados los bordes de aquellas de mayor tamaño.
  • Si la encuadernación se ha llevado a cabo en la institución puede suceder que cada obra presente patologías diferentes por haber estado expuestas, en otros momentos históricos, a diferentes factores externos. O incluso que convivan obras en perfecto estado con otras con graves carencias.


  • El sistema de cosido a diente de perro, que provoca problemas de legibilidad y desgarros por manipulación incorrecta, es mayoritario.

  • Para contrarrestar la debilidad del sistema de cosido es común la presencia de fuertes acumulaciones de cola orgánica en el lomo como refuerzo del mismo. Este adhesivo puede dañar gravemente las líneas de plegado.


  • En un alto porcentaje de casos se eligen encuadernaciones de pergamino flexible, aunque unidas sólo por cabezadas y guardas o incluso sólo guardas. Esto hace que sea común encontrar tomos con las encuadernaciones separadas del bloque textual con el consiguiente peligro a la integridad de las obras.

Teniendo en cuenta todo lo descrito, desde el departamento de conservación y restauración se ha llevado a cabo el siguiente procedimiento:
  • Revisión de todos los tomos de varios.
  • Elaboración de una lista de los volúmenes que necesitaban tratamiento, haciendo dentro de la misma se han hecho subgrupos en base a la gravedad y el tipo de intervención requerida.
  • En estos dos años se han llevado a cabo un total de 32 tratamientos de restauración totales o parciales, además de otras actuaciones de conservación preventiva como confección de estuches o fundas de conservación a medida.
Dichas acciones han mejorado la situación general de la colección, permitiendo un acceso seguro por parte del alto número de investigadores que suelen solicitar este tipo de obras.





jueves, 19 de marzo de 2020

Un pasaporte para viajar de Utrera a Sevilla

Un documentos del Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla, recientemente digitalizado, ilustra de forma muy elocuente la situación social y política que se dio en Andalucía tras la muerte de Fernando VII, bajo la regencia de María Cristina. Supone este documento, dada su validez por el interior del país, un pasaporte, un salvoconducto expedido a nombre de Joaquín de Prados, ministro honorario de la Real Audiencia de Sevilla, para que pudiera hacer ir de la villa de Utrera hasta Sevilla. El pasaporte está firmado por José de Zayas, subdelegado de la Policía de Utrera, y fechado el 29 de diciembre de 1833.  En su reverso, entendemos que al día siguiente ya se encontraba en su destino, donde permaneció hasta el 29 de enero, cuando regresa a Utrera.

En primer lugar, llama la atención que sea la policía, cuyo funcionamiento había empezado a reglarse, al menos, desde las Cortes de Cádiz[1], la encargada de autorizar en estos momentos los traslados de personas y de facilitar la llegada del personal administrativo a sus destinos: probablemente las antiguas instituciones comenzaban a hacer aguas frente a las necesidades creada por la nueva situación política. Son funciones que acaba de asumir la institución policial, fruto de los cambios que se están produciendo en España como consecuencia de la implantación de la nueva división provincial, según el proyecto presentado por Javier de Burgos y aprobado a finales de noviembre de 1833. Sin embargo, fueron frecuentes los problemas surgidos por esta adaptación, dado que el sistema policial no tenía aún capacidad de llevar a cabo sin fisuras todas las acciones que se le empezaron a asignar[2]. Así pues, estos pasaportes nacieron con el objeto de controlar los movimientos de funcionarios dentro del territorio nacional, de manera que pudieran pasar por terrenos de distinta propiedad (de la Corona, nobiliarios, eclesiásticos, etc) sin ningún problema ni impedimento, para llegar así más rápido a sus destinos. Este hecho nos lleva a preguntarnos qué motivos llevaron a Joaquín de Prados a trasladarse de Utrera a Sevilla con tanta presteza.
Cuestiones legales, propias del cargo que ostentaba nuestro protagonista, parecen ser la respuesta más obvia, pero contamos con otros detalles en el pasaporte que dejan entrever otras funciones complementarias. Nos referimos a la nota manuscrita que leemos junto a la firma de Zayas: “Esta villa goza de completa salud por la Divina Misericordia”. Estas palabras están sin duda en relación con el brote de cólera que surgió en Andalucía entre 1832 y 1835, por el que se pusieron en cuarentena varias ciudades y se realizaron controles de salubridad para intentar controlar la primera pandemia colérica conocida que azotó la península[3]. Por este motivo, la Junta de Sanidad impuso escribir en los pasaportes al extranjero la advertencia “se padecen enfermedades sospechosas del cólera morbo”, pero no así en los salvoconductos nacionales, como es nuestro caso[4]. Que así se incluya parece deberse más a una intención de la policía de tener controlada la expansión de la enfermedad, de manera que los planes de protección que se proyectaban desde Sevilla tuvieran bien presente la situación sanitaria de las ciudades de su jurisprudencia.
Este documento se encuentra en los anaqueles del Archivo Histórico de la US, compartiendo carpeta con otros interesantes documentos con los que no guarda relación, bajo la signatura AHUS Seminario 333-7. 

Autores de la entrada: Carlos Maura Alarcón y Purificación Mallén Osuna



[1] MORALES VILLANUEVA, Antonio: “Evolución de la administración policial”, Revista de administración pública, 118, 1989, pp. 347-410.
[2] Ibidem, pp. 379-381.
[3] RODRÍGUEZ OCAÑA, Esteban: “La dependencia social de un comportamiento científico: los médicos españoles y el cólera de 1833-1835”, Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, vol. 1, 1981, pp. 101-130.
[4] Ibidem, p. 112.