viernes, 19 de octubre de 2018

Incunables de la Biblioteca Pública Episcopal del Seminario de Barcelona


La Biblioteca Pública Episcopal del Seminario de Barcelona (BPEB) acaba de incorporar a la Memoria Digital de Cataluña (MDC) 20 de los 95 incunables que custodia. El período cronológico que abarcan estos incunables va del 1472 al 1502, y fueron impresos en diferentes ciudades europeas como Pavía, Basilea, Venecia, Boloña, Estrasburgo, Lión, Nápoles o Barcelona. 

En cuanto a las materias representadas, hay libros de filosofía, astronomía, botánica, geometría, poesía, ética, religión, sermones o sobre las Sagradas Escrituras. Algunos ejemplares son únicos o destacan por su rareza y por su singularidad. Quizás la pieza más interesante sea la edición veneciana, 1472, de Naturalis Historia, de Plinio el Viejo. Este incunable, que tiene abundante decoración de orlas y capitales miniadas, ha sido restaurado gracias al proyecto de apadrinamiento de libros mediante el micromecenazgo, que actualmente está impulsando la Biblioteca.

También destacan dos ediciones de obras de San Agustín (las Meditationes, de nuevo en edición veneciana, 1484, y De Civitate Dei, Basilea, 1489) y dos ediciones de la obra de Jean Gerson, ambas impresas en Estrasburgo en 1684 la primera y entre 1494 y 1502 la segunda.

Toda la colección se puede consultar en el portar la :

viernes, 7 de septiembre de 2018


Como todos los años, la Sección de Fondo Antiguo y Archivo Histórico de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla organiza visitas guiadas en las que se muestran algunos ejemplares importantes de la colección, proponiendo a los visitantes un recorrido paralelo por la historia del libro --enseñamos códices medievales, incunables, mapas antiguos, libros ilustrados y otros que ayudan a conocer la evolución de la imprenta entre los siglos XV y XVIII--, y por la historia de la propia biblioteca.

La visita, de una hora de duración, se hace los miércoles a las 10'00 de la mañana, previa solicitud en el Portal de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.





viernes, 13 de julio de 2018

Colección de grabados

Colección de grabados

En algunas páginas está escrito el nombre Joaquín Serrano, acompañado de pequeños garabatos de animales y partes del cuerpo humano que delatan el pobre talento artístico del propietario del libro. Un desconocido Joaquín carente de talento pero con un gusto exquisito. Nadie que no cultivara una afición real por el arte tendría en su colección esta obra de obras. Grabados que, de autor tan desconocido como el dueño, llaman a ser contemplados en cada detalle, retándonos a descifrar sus misterios.

Los veinticinco grabados calcográficos que componen el cuaderno corresponden a diseños de arquitecturas efímeras, retablos y fuentes, entre la estética tardomanierista y el estilo barroco, que mezclan iconografía pagana y cristiana. Repletos de detalles hasta rozar el horror vaqui, las estructuras parecen moverse con el ajetreo de criaturas y motivos curvos que las cubren. Cada uno con un significado propio que añadir al conjunto. Como si de emblemas se tratara. Desafiando la cultura visual del espectador. Equiparándonos al hombre moderno y su gusto por la imagen, la poesía y la literatura en forma de alegoría. Maravillándonos. ¿Seremos capaces de desentrañar algunos de sus secretos?

Entre todos los grabados destaca el grupo perteneciente al diseño de una fuente monumental dedicada a los elementos: agua, tierra y aire. De dos pisos, está presidida en lo alto por Neptuno de pie sobre una tortuga, flanqueado por tritones y delfines. Justo debajo, en el primer nivel, la alegoría del gua, representada por Océano rodeado de criaturas y aves marinas. A la izquierda, la Tierra, como una mujer rodeada de mamíferos: ciervos, cabras, un puerco espín, un mono. Y la derecha, el Viento, como una mujer con una gaita y alas en la cabeza, que cabalga sobre un águila que acciona un fuelle con una pata mientras con la otra se apoya en un orbe. Rodeándolos, todo un catálogo de aves de todas clases. El conjunto, perfecto para este tipo arquitectónico, habla de las propiedades y riqueza del agua, a la vez que simboliza el poder sobre mares y océanos o, lo que es lo mismo, el dominio político y económico del mundo: del agua, de la tierra y del aire que las envuelve.


Junto a los motivos paganos que dominan la mayor parte de los grabados, encontramos algunos de tema religioso, como es este Cristo de la Sangre, cuya iconografía deriva del culto a la sangre de Cristo que tuvo lugar entre los siglos XVII y XVIII a través de la interpretación de los escritos de San Buenaventura. De ahí surgieron iconografías como la del lagar místico, la prensa mística, el Cristo Varón de Dolores, o está que nos ocupa, donde vemos como tres ángeles recogen en copas la sangre derramada de las llagas de Cristo. Son muchos los ejemplos que podemos encontrar de este modelo iconográfico: El Greco, Hieronymus Wierix, Mateo Guerrero el Jovén o Nicolas de Bussy son algunos de los artistas que lo han tratado. Difícil incómodo, e incluso explícitamente violento, pero lleno de simbolismo cristiano, el de una época y un contexto que no podemos obviar.


Ahora te toca a ti seguir investigando... ¿Cuántos serás capaz de interpretar?

miércoles, 4 de julio de 2018

Carlos III y la reforma de la moneda de vellón


El 1 de enero de 2002 el euro se instalaba en nuestro país. La moneda que había convivido con los españoles durante 133 años pasaba a mejor vida. Tras dos meses de convivencia compartida, el 1 de marzo cedió al corona a su sucesor. La peseta fue retirada de la circulación. Las últimas monedas serían depositadas en el Banco de España para su extinción total. Se acababa una época: la de los cordones repletos de monedas de agujeritos y las tiendas de veinte duros. Y se iniciaba una nueva etapa en la economía española: llena de dudas, retos y calculadoras. Echando la vista atrás, el cambio era necesario. Mirando hacia delante, es todo un honor y un privilegio haber sido testigo viviente de un hito histórico de tal magnitud. Cerrando los ojos, no se puede evitar cierta nostalgia. Aun hoy, al tropezar con una de esas calderillas enterradas cual material arqueológico, se despierta una sonrisa, una emoción que no tiene precio.

Como la peseta, otras muchas monedas han muerto ha lo largo de la historia. En ocasiones, tras un proceso tan ambicioso y pionero como el del euro. Es el caso del vellón, retirado por Carlos III en los primeros años de la década de 1770. Por entonces, el exceso de moneda de vellón empezaba a contrariar a los comerciantes. Su cotización tendía a la baja y el desgaste por el uso era tal que algunas monedas eran irreconocibles. Era necesario, además, acuñar moneda por valor de un maravedí con el fin de realizar los cambios de forma efectiva. La reforma era inevitable.


La solución no tardó en hacerse efectiva. Bandos como este de la Real Pragmática del 5 de mayo de 1772 llegaron a todas las provincias. En un plazo de seis años se retiraría la totalidad de la antigua moneda de vellón circulante. Las opciones eran dos: mediante el cambio por su valor real -evitando de este modo la desventaja de los particulares ante el cambio por el valor del material- y mediante los pagos a Hacienda, quedando la moneda en posesión del Estado. Las ganancias fueron más que aceptables.

La nueva moneda fue acuñada en la Real Casa de la Moneda de Segovia, primera en pertenecer directamente a la Corona y primera mecanizada de España. Siempre en vanguardia, realizaba por estos años el cambio del rodillo hidráulico por la prensa volante, sistema traído desde Francia por los Borbones, con el que el proceso de acuñación se aceleraba de forma considerable. De esta forma, la transición de una moneda a otra fue mucho más ágil y efectivo, y Carlos III se apuntaba un tanto, y unos cuantos millones de monedas contantes y sonantes.

lunes, 25 de junio de 2018

Decretum. In Audientia habita die 12 Januarii 1752. Relatis per me ifrascriptum Sanctissimo Domino Nostro Benedicto PP. XIV



Benedicto XIV (Prospero Lorenzo Lambertini) ejerció el papado entre 1740 y 1758, tras un cónclave complicado por asuntos de intereses y relaciones de las potencias extranjeras del que salió vencedor por tan solo un voto de diferencia. A pesar de las dudas y de lo ajustado de la elección, Benedicto XIV terminaría siendo recordado como uno de los mejores papas de la historia: activo, culto y de buen carácter. Se preocupó de asuntos eclesiásticos y civiles por igual, siendo la cultura uno de los campos más favorecidos. Erudito y amante del arte y la ciencia, se relacionó con las figuras más importantes de su época, actuando como protector de sus obras y saber. Apasionado de la Antigüedad, acogió a arqueólogos e historiadores -siendo fundamental su apoyo a Johann Joachim Winckelmann, precursor de la Historia del Arte-, fundando el Museo Arqueológico de Bolonia, el Museo Cristiano en el Vaticano y la Pontificia Accademia Archeologica, a la que encargó excavaciones y acciones de protección y restauración de edificios como el coliseo y varias iglesias de Roma. Consciente de la importancia de la transmisión del saber, impulsó la catalogación de la Biblioteca Vaticana y la incorporación de numerosos volúmenes de diversas procedencias -desde los 3.300 manuscritos de la Biblioteca Ottoboniana hasta los más de 30.000 volúmenes del Palazzo della Consulta-, muchos de los cuales tradujo al italiano. Y, no menos juicioso en el caso de la ciencia, eliminó de la lista de libros prohibidos la obra de Galileo, dando con ello vía libre a la difusión de la teoría del heliocentrismo.

Junto a ello, como doctor en derecho civil y canónico por la universidad La Sapienzza, dedicó su vida a la justicia, publicando numerosas bulas y decretos como el que hoy nos ocupa, en el cual se trata un asunto relacionado con la Orden de Ermitaños de San Agustín -que durante los años centrales del siglo XVIII estaba experimentando un gran crecimiento tanto de sus miembros como de su patrimonio- cuya misión evangelizadora en América y oriente debía adaptarse a los mandatos del papa, quien se oponía férreamente a la práctica de adaptar los ritos católicos a las culturas indígenas con el fin de facilitar y acelerar las conversiones; y cuyos problemas internos, como podemos comprobar, también eran recurridos por el pontífice.

Estos documentos estaban encabezados por el escudo pontificio y las figuras de San Pedro y San Pablo según la iconografía convencional: el primero con las llaves del cielo y el segundo con la espada. Los escudos pontificios solían componerse mediante diferentes símbolos que hablaban de la personalidad del papa correspondiente o a partir del escudo de su familia. Este último es el caso del de Benedicto XIV en el cual, junto a los símbolos papales por excelencia: la tiara y las llaves cruzadas -del poder temporal y del poder celestial-, alusivos a la autoridad del papa como sucesor de San Pedro y representante de Dios en la tierra; aparece un escudo formado por tres líneas verticales rojas o de gules -representado mediante rayas verticales ante la ausencia de color- sobre fondo dorado, perteneciente a la casa Lambertini. Los motivos de rocalla que decoran el escudo son típicos del siglo XVIII.

lunes, 18 de junio de 2018

Paris au Tibet : notes de voyage


"Qué gran silencio llena repentinamente el espíritu, cuando uno pasa bruscamente de la agitada vida de París a la calma y monótona existencia de un navío"1.

Las palabras con las que el francés Francis Garnier (1839-1873) comienza su relato podrían podrían pertenecer a cualquiera de los exploradores que en el siglo XIX decidieron descubrir el mundo: hombres intrépidos, incansables, curiosos, respetuosos con lo ajeno, de gran fortaleza psicológica y capacidad de esfuerzo sobrehumana; hombres cuya vida estaba más allá del hombre corriente: mucho más allá de lo conocido. A veces demasiado allá: en las fuentes del Nilo de David Livingstone, o en la ciudad de Z donde fue a perderse Percival Fawcett. Otras vecés, un poco más cerca: en los ríos australianos de Alexander Collie, o en los estudios topográficos de George Everest, cuyo monte todos conocemos. Pero siempre en un lugar apartado del mundanal ruido, donde lo mundano no existe. En el caso de Garnier, ese lugar fue la Cochinchina ¿Se puede ir más lejos?

Objetivos, pasiones y obsesiones diferentes empujaban a estos hombres a la aventura. Garnier, como oficial del ejército francés e inspector de asuntos indígenas de la Cochinchina, se sentía llamado por el deber: la evangelización, la colonización y la superioridad sobre Inglaterra -anglicana y primera potencia colonizadora-. Así, en plena fiebre colonial de la Tercera República, fue enviado a explorar el valle del Mekong como parte del grupo encabezado por Ernest Doudard de Lagrée. Sus habilidades le llevaron a encabezar su propia expedición por el río Yangtze a la muerte de aquel. Poco tiempo después, su disposición le conduciría a la muerte en Tonkin a manos de los pabellones negros chinos. Llegaba el final para un hombre que junto al compromiso con su nación atesoraba un gran amor por esa otra naturaleza -silenciosa, apabullante, solitaria, gigantesca-, esas otras culturas -diferentes pero no peores-, y esas otras gentes -a las que observa y reconoce rasgos superiores a los europeos-. Más allá de lo mundano, y del ruido.

Publicadas entre 1872 y 1873 en el diario parisino Le Temps, las cartas en las que el oficial Garnier anotó las vivencias de su expedición por el Yangtze fueron reunidas diez años más tarde en un solo volumen editado por Librairie Hachette, especializada en libros de texto, guías académicas y guías de viajes. El conjunto conforma un relato de aventuras al más puro estilo clásico: lleno de descripciones, percepciones, reseñas históricas, peripecias y sucesos; donde la presentación en forma de misivas, los grabados y las tablas meteorológicas permiten al lector colocarse en primer plano y convertirse en receptor protagonista: ver esos lugares por primera vez, conocer a esos extraños personajes que los habitan y tener el privilegio de ser el primero en enterarse de cada novedad. Uno duda si guardarse la información o revelarla a los medios. Si dejar que la vida siga su curso o adelantar el curso de la vida. Aventurarse por estas páginas, es toda una aventura. Ya lo decía el propio Garnier: "Las dificultades serán inmensas", pero "los resultados científicos considerables"2, y lo que es más importante: "El espíritu cambia de esfera y se despierta a otras verdades"3. ¿Te atreves a explorar?

CEYLAN: "Un cinturón exuberante de cocoteros bordea la costa y equilibra des preocupadamente al aliento de la brisa sus verdes cumbres. La vegetación tropical despliega, ante nuestros ojos encantados, sus maravillosas riquezas, sus paisajes goteantes de luz"4.


LA MURALLA CHINA: "No agrega nada a la defensa natural que constituyen los picos de las montañas [...] gracias a la circulación incesante y a un abandono completo se encuentra en el más deplorable estado"5.


PESCADORES CHINOS: "De todos los pliegues de la costa surgen los pescadores, a quienes mi apariencia extranjera y las singulares máquinas desplegadas antes mí inflaman de curiosidad y admiración"6.



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jueves, 14 de junio de 2018

Don Jacinto del Castillo y Doña Leonor de la Rosa : curiosa relacion



"Celestino", contaba Cela de uno de sus personajes de La Colmena, "en la cama, lo que suele leer son romances y quintillas, a Nietzsche lo deja para el día. El hombre tiene un verdadero montón y algunos pliegos se los sabe enteros, de pe a pa. Todos son bonitos, pero los que más le gustan a él son los titulados La insurrección en Cuba y Relaciones de los crímenes que cometieron don Jacinto del Castillo y doña Leonor de la Rosa para conseguir sus propósitos de amor. Este último es un romance de los clásicos, de los que empiezan como Dios manda"1. Y, ¿Cómo empieza? Como debe de ser: pidiendo un poco de inspiración. ¿A las musas? No. ¿A los dioses? ¡No, por Dios! Entonces, ¿A quien? Pues a la Virgen, como Dios manda.

Sagrada Virgen María,
antorcha del cielo empíreo,
dame tu divina gracia
pues de veras te lo pido,
para que a escribir acierte
el caso más peregrino
que celebran los anales,
ni en las historias se ha oído.

¿Crees que le ayudó? ¿A quién? Pues a quien va a ser: al autor. ¿A cual de todos? ¿Es que hay más de uno? Cientos. Miles. Quizás millones. Seguro: más de dos. ¿Tantos? Todos los que tuvieran la buena memoria de quedarse con la canción, o las suficientes monedas para hacerse con un pliego. ¿Es que se cantaba? Claro. Lo cantaba el creador, lo cantaba el pueblo y lo cantaban el ciego y el vendedor. ¿El ciego? En ocasiones. ¿Y como lo aprendía sino podía leer? Como todos: hablando, escuchando, cantando. ¡Vaya espectáculo tenía que ser! Y cuanto más juego daba, más vendía. ¡Yo le habría comprado uno! ¿Ves? ¿Pues no era ciego? Me parece que tú también...

Y eso del pliego ¿Qué es? ¿Se plegaba la gente al leer? ¿Se plegaba el ciego al vender? ¡No! Eran hojas sueltas, unas ocho o dieciséis. ¡Qué pocas! ¿Cómo crees sino que se lo iban a aprender? Cierto. ¿Y que hacían para que no salieran volando? Las colgaban. ¿Cómo la ropa? Por eso les llaman pliegos de cordel. ¡Qué curioso! ¡Fíjate! Pues lo más curioso es que eran de usar tirar. ¡No me lo puedo creer! Una vez memorizados ¿Para que los quería ver? Bastaba con cantarlos, una y otra... ¡Y otra vez! 

Pues me resulta imposible. Son demasiado largos. No entiendo como se los podían saber. Tenían truco ¡Cuéntame! Versos octosílabos, rima asonante en los pares. Siempre lo mismo. Ahhh. Temas de amor, de caballería, burlescos, satíricos, pastoriles, incluso sucesos reales. ¡Haber, haber! Si te cuento un chisme del vecino ¿Te lo aprenderías? ¡Hasta del revés! Pues ahí tienes la respuesta. Lo debí suponer... aunque no podría prometer que mi versión fuera exacta. ¡Por eso hay tantas diferentes de un mismo cuplé2. Pero, esta historia ¿Es cierta o una sandez? Real, real... no tiene porque ser, pero lo que cuenta, era tan real como al vida misma. ¿Lo fue? ¿Matrimonios concertados? ¡A puñados? ¡Que insensatez! Pues eso nos dice el romance:

Sirva de ejemplo a los padres
que violentan a sus hijos,
para que tomen estado,
por el interés movidos.

¡Eso si que es terminar como Dios manda! Un romance ejemplar. Y no solo por el final. ¿Es que hay más? ¿En solo ocho páginas? Cautivos y renegados, un tema muy usual. ¿De verdad? De Cervantes a Lope y de Lope a la infinidad. ¡Ala! Alá también está. ¿Dónde? En la tentación de los moros de Argel. ¿Como las tentaciones del desierto? Mmmmm tal vez. ¡Y los amantes los rechazan! Y Dios con todos. Como debe de ser. Como Él manda, ¿no? Veo que ya lo ves. Y los amantes ¿Terminan bien? Eso no voy a contártelo. Te lo tienes que leer.


1. Cela, Camilo José: La colmena. Madrid: Editorial Edaf, 2002, p. 253.
2. Otra versión con algunas variantes: Anónimo: Don Jacinto del Castillo y Doña Leonor de la Rosa : curiosa relacion. Carmona: Imprenta de D. José María Moreno, 1857.