jueves, 14 de junio de 2018

Don Jacinto del Castillo y Doña Leonor de la Rosa : curiosa relacion



"Celestino", contaba Cela de uno de sus personajes de La Colmena, "en la cama, lo que suele leer son romances y quintillas, a Nietzsche lo deja para el día. El hombre tiene un verdadero montón y algunos pliegos se los sabe enteros, de pe a pa. Todos son bonitos, pero los que más le gustan a él son los titulados La insurrección en Cuba y Relaciones de los crímenes que cometieron don Jacinto del Castillo y doña Leonor de la Rosa para conseguir sus propósitos de amor. Este último es un romance de los clásicos, de los que empiezan como Dios manda"1. Y, ¿Cómo empieza? Como debe de ser: pidiendo un poco de inspiración. ¿A las musas? No. ¿A los dioses? ¡No, por Dios! Entonces, ¿A quien? Pues a la Virgen, como Dios manda.

Sagrada Virgen María,
antorcha del cielo empíreo,
dame tu divina gracia
pues de veras te lo pido,
para que a escribir acierte
el caso más peregrino
que celebran los anales,
ni en las historias se ha oído.

¿Crees que le ayudó? ¿A quién? Pues a quien va a ser: al autor. ¿A cual de todos? ¿Es que hay más de uno? Cientos. Miles. Quizás millones. Seguro: más de dos. ¿Tantos? Todos los que tuvieran la buena memoria de quedarse con la canción, o las suficientes monedas para hacerse con un pliego. ¿Es que se cantaba? Claro. Lo cantaba el creador, lo cantaba el pueblo y lo cantaban el ciego y el vendedor. ¿El ciego? En ocasiones. ¿Y como lo aprendía sino podía leer? Como todos: hablando, escuchando, cantando. ¡Vaya espectáculo tenía que ser! Y cuanto más juego daba, más vendía. ¡Yo le habría comprado uno! ¿Ves? ¿Pues no era ciego? Me parece que tú también...

Y eso del pliego ¿Qué es? ¿Se plegaba la gente al leer? ¿Se plegaba el ciego al vender? ¡No! Eran hojas sueltas, unas ocho o dieciséis. ¡Qué pocas! ¿Cómo crees sino que se lo iban a aprender? Cierto. ¿Y que hacían para que no salieran volando? Las colgaban. ¿Cómo la ropa? Por eso les llaman pliegos de cordel. ¡Qué curioso! ¡Fíjate! Pues lo más curioso es que eran de usar tirar. ¡No me lo puedo creer! Una vez memorizados ¿Para que los quería ver? Bastaba con cantarlos, una y otra... ¡Y otra vez! 

Pues me resulta imposible. Son demasiado largos. No entiendo como se los podían saber. Tenían truco ¡Cuéntame! Versos octosílabos, rima asonante en los pares. Siempre lo mismo. Ahhh. Temas de amor, de caballería, burlescos, satíricos, pastoriles, incluso sucesos reales. ¡Haber, haber! Si te cuento un chisme del vecino ¿Te lo aprenderías? ¡Hasta del revés! Pues ahí tienes la respuesta. Lo debí suponer... aunque no podría prometer que mi versión fuera exacta. ¡Por eso hay tantas diferentes de un mismo cuplé2. Pero, esta historia ¿Es cierta o una sandez? Real, real... no tiene porque ser, pero lo que cuenta, era tan real como al vida misma. ¿Lo fue? ¿Matrimonios concertados? ¡A puñados? ¡Que insensatez! Pues eso nos dice el romance:

Sirva de ejemplo a los padres
que violentan a sus hijos,
para que tomen estado,
por el interés movidos.

¡Eso si que es terminar como Dios manda! Un romance ejemplar. Y no solo por el final. ¿Es que hay más? ¿En solo ocho páginas? Cautivos y renegados, un tema muy usual. ¿De verdad? De Cervantes a Lope y de Lope a la infinidad. ¡Ala! Alá también está. ¿Dónde? En la tentación de los moros de Argel. ¿Como las tentaciones del desierto? Mmmmm tal vez. ¡Y los amantes los rechazan! Y Dios con todos. Como debe de ser. Como Él manda, ¿no? Veo que ya lo ves. Y los amantes ¿Terminan bien? Eso no voy a contártelo. Te lo tienes que leer.


1. Cela, Camilo José: La colmena. Madrid: Editorial Edaf, 2002, p. 253.
2. Otra versión con algunas variantes: Anónimo: Don Jacinto del Castillo y Doña Leonor de la Rosa : curiosa relacion. Carmona: Imprenta de D. José María Moreno, 1857.


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